Ya lo han contado y retransmitido gráficamente, pero voy a acercaros lo que garabateé en una estupenda jornada de dibujo y convivencia en un paraje excepcional. Lo he titulado Hermandad, porque el lugar sacro invitaba a hacerlo, podría haber dicho encuentro de Cofrades del Santo Cuaderno, o devotos del lapicero. Repartidos por la belleza del Monasterio (que lo reservaba y reservo para algún curso DVCC) y recogidos cada uno en nuestro dibujar parecíamos orantes entregados a la llamada de la belleza de luces y colores.
Me quedé con las ganas de volver a la siguiente jornada programada por Ladrones en Tarazona, pero es difícil conciliar la vida familiar, y la vocación cuadernil. Espero algún día poder retirarme a la vida contemplativa y dedicarme al dibujo en cuerpo y alma.
Escrito por Clara Marta en el blog de























