No ha querido el Señor que este año comamos calamares con los amigos bajo las palmeras de Elche. Sus razones tendrá, aunque a mí se me escapan. No alcanzan sus iras ni nuestros pecados a impedirnos que, cada uno desde su convento, se haga cuenta de que juntos estamos, cuaderno en mano y pacharán en mesa.
Envíoos cuatro dibujos que he perpetrado en mi celda recordando momentos mejores que esperamos repetir. También otros dos desde mi balcón.
Abrazo urbi et orbi.





