| Rotulador calibrado sobre Moleskine, 13 x 21 |
¿Mi bolso? Feote, desgastado, pero funcional; porque lo que
hace bueno a un bolso no es su belleza sino su funcionalidad. Y esto, amigos,
reside básicamente en su capacidad. Me da la risa cuando veo esos bolsitos
ridículos, en los que no caben ni las llaves de casa, que, a veces, llevan las
modelos. Por eso se mantienen tan erguidas –me digo. Por eso y porque sus cosas
se las llevarán otros… Que conste que yo, por mi propia salud vertebral, y dado que ni
soy modelo ni tengo quien porte mis cosas, intento que mi bolso mengüe. Cada cierto
tiempo (esta misma mañana, sin ir más lejos) le hago una purga afanándome en
meter sólo lo imprescindible:
-Mis llaves
-Mi teléfono móvil del pleistoceno.
-Mi colgante guardapelo
-Un lápiz de IKEA
-Una goma de borrar.
-Mi Lamy escolar.
-Mi Lamy safari.
-Un bolígrafo o dos (a veces más. Creo que procrean cuando
yo no estoy)
-Cacao para los labios.
-Un lápiz pintalabios
-Una cajita de cartuchos para las estilográficas.
-Paquetes de pañuelos (varios. Mis mocos son generosos y extrovertidos)
-Un pequeño neceser-botiquín con los “varios” imprescindibles para la alergia,
paracetamol, tiritas, un colorete, una pequeña lima de uñas, un lápiz de ojos casi acabado…
-MI agenda reciclada. Pesa como un muerto, pero me he
propuesto acabarla y yo soy muy de cumplir lo que me propongo…
-Mi cartera. Gorda a
reventar: entre las servilletas de bar, tikets de compra, DNI, SS, chatarra, -léase monedas (malditos céntimos)-
que yo creo que cualquier día va a dar a
luz. A ver si pare billetes, ya puestos…
-Una carpeta pequeña de cartón.
-Mi cámara de fotos.
Aprovechando que bajaba a la farmacia a por mis brebajes
para la alergia le he dicho al farmacéutico que
me lo pese. Y nada, 200 gramos que
ha engordado el puñetero. Sin duda es un bolso que “crece” bien sanote, me ha dicho él, muy
socarronamente, mientras me lo devolvía…


























