Mejor dosificar las cosas, que mucho hay que contar, mucho dibujos y fotos que poner y cosas que recordar.
Siendo impresionantes los lugares y los monumentos, dulces los pacharanes y hermosos los dibujos, me quedo con las palabras y las risas. Con vosotros me juntaba aunque fuera en un bancal. Aún me duelen los vacíos de las carcajadas en las tertulias. Una cosa enorme.
En realidad, en Veruela ya iba de regreso, al menos eso me creía yo, porque alargué el viaje pasando el día siguiente en Zaragoza y Teruel. En Zaragoza con mi viejo amigo Teodoredo, albaceteño de visigótico nombre, cual rey godo de Tolosa, compañero de la escuela afincado en Zaragoza, pues a los de mi tierra allí nos dan ganas de pedir las escrituras porque nos encontramos como en casa. Y es algo que se agradece después de pasar (de largo siempre) por municipios que nos muestran su amor con un cartel a su entrada.
Al final el proyectado viaje a la Costa Brava se convirtió en 2200 km por toda la parte peninsular del antiguo reino de Aragón: Zaragoza, Huesca, Teruel, Barcelona, Tarragona, Lérida, Gerona, Valencia, Castellón y pisando la provincia de Alicante. Las Baleares, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Nápoles, Atenas y Neopatria lo dejo para cuando tenga barco. En algunos sitios sólo el tiempo de tomar un café, darle un beso al suelo como el Papa, unas fotos, dibujo si da tiempo y más ruta. En otros sólo uno o dos días, siempre tiempo insuficiente.
Os pongo los dibujos previos a Veruela y buscaré la forma de enseñaros las fotos aquí o enlazando a mi blog cuando tenga tiempo para hacer una entrada.