-Comandante Benito, ¿nos recibe? (Silencio galáctico).
Seguramente está a los mandos de su nave, concentrado, muy
concentrado: no en vano está inmerso en el más importante de los viajes
-exceptuando el que le trajo a este planeta tierra-, de camino hacia una
estrella. Una estrella llena de colores aterciopelados, a veces oscuros y
profundos, casi meditabundos que en un giro inesperado se tornan alegres,
chispeantes y hasta chorreantes. A veces gráficos y sesenteros, a veces hasta
más modernos que la misma modernidad.
Comandante Benito,
por si acaso me recibe... Me apena no haber estado a pie de nave para
despedirle como usted merece, pero fue este viaje suyo un viaje sin previo
aviso... Hum... Aunque, bien pensado,
ante su presencia, ante su experiencia,
ante su maestría, ante su
categoría, probablemente no habría sabido qué decirle, menudo chasco, siendo yo
de tan poco callar... ¿Y si me hubiera soltado usted una Benitada? Ay
Señor... Y es que, abrumada, lo más que
se me habría ocurrido es lo mismo que le digo ahora:
Comandante Benito, muchísimas gracias por su mirada, siempre
amable y benevolente, siempre respetuosa, hasta en sus silencios, hacia el trabajo de los demás.
¡Buen viaje, comandante Benito! Si me lo permite, señor, abrazotes bien gordotes y ... ¡Que su travesía sea ligera, ágil, etérea y divertida como estas pompas de acrílico y jabón!
Y ahora, a los Ladrones garabateadores terrícolas que queramos honrar al comandante Benito, sigamos su estela: dibujemos, garabateemos, dibuengendremos, publiquemos, compartamos, comentemos.
