Se me amontona el trabajo otra vez. Aquí y en mi blog. Ayer, mientras echaba un vistazo al Francia-Argentina del mundial de fútbol, hice esos dos dibujos con rotuladores tumbado en el sofá. Luego les di unas pinceladas de color con acuarela. Creo que ganó Francia. Me alegro por mis amigos franceses, lo siento por mis amigos argentinos, pero me compensa por dejar de ver a Maradona, alguien que fue grande, haciendo el ridículo.
Este es
el enlace a la última entrada de mi blog.
En Alpera, el puente de 1º de mayo, como jurado de un concurso de pintura rápida, recorrido toda la mañana por el pueblo y alrededores viendo pintar a los pintores. Y dibujando en mi cuaderno, en un bar, un banco o desde el puto coche, con perdón. A veces terminando la cosa, otras dejando las cuatro rayas para terminar después y darle color, si procede. Y algunas veces que no procede también, he de reconocer con dolor.
Esta siguiente, ya en casa, a partir de una foto que hice ese día.

Un olivo viejísimo trasplantado hace años a la plaza del ayuntamiento de Daimiel. Le hice un par de dibujos desde un bar a la sombra, tomando café, en un cuaderno. A partir de él y de unas fotos, hice en casa estos otros. Tuvo que ser así porque desde este lado, el más bonito, no hay bar ni sitio donde sentarse, de forma que mi organismo y yo acordarmos hacerlo después en casa. Normalmente procuro llevarme bien con mi organismo, discutir con él lo menos posible, que no tengo otro.
A partir de esos bocetos, hice esta acuarela, ya en tamaño grande.
Otra acuarela en formato grande de lo que se ve desde el Mirador de La Mancha, en Villarrubia de los Ojos (del Guadiana, que no los de la española, que esos
Son como el mar
Como el azul del cielo y como el sol
Son del color
Del clavel que empieza a despertar
Son algo más
Que las estrellas al anochecer
).
Se pinta sobre todo lo que recordaba, aunque tenía varias fotos, pero ninguna era lo que yo quería. La Naturaleza normalmente acierta, pero no siempre. Pintando, a veces, hay que juntar varios momentos en que sí lo hace Esos paisajes tan amplios pierden su grandeza en las fotos, a menos que lleves un angular fuerte y entonces todo sale en ca' Dios.

Esta acuarela tiene más intríngulis. Se basa en una foto de mi amigo Vilaboa, de Galicia, que siempre anda paseando y haciendo fotos maravillosas del Tambre y alrededores. El tema, el problema, es que me encantan los verdes, necesito contender con ellos porque siempre ando pintando árboles y paisajes. Mis dos verdes principales son un vejiga y un verde de jadeíta de Daniel Smith. A veces un sap green oscuro o el de perileno, más apagado, que va bien como base para el ramaje de los olivos. Me mortifica que los acuarelistas clásicos, mis amados ingleses victorianos, si usaban un verde, era el viridiana, el esmeralda. Es un color muy problemático, fluorito, violento, pinturero, saturado, agresivo, insultante, a veces atroz cuando sale desafiante del tubo como diciendo ¡Y ahora qué?... Pero es el más fresco y natural cuando se sabe usar. Yo no sé usarlo y tengo que aprender. De forma que lo reconocí en el
color de esa foto y algo hemos conseuido. Es la primera vez que lo uso y
no tengo que tirar el papel. Siempre hay que mezclarlo y no siempre mezcla bien. Desde luego tiene que ser un pigmento de la mayor calidad, aunque el actual, sintético, basado en el óxido de cromo, no es como sus antecesores que dejaron de hacerse por la minucia de ser venenosos. No valen con él, como ocurre con el cerúleo, recurrir a pigmentos de aficionado, basados en mezclas, horribles, incluyendo blanco, negro, que deben ser anilinas o qué sé yo.
En esto discrepo radicalmente de los que piensan que todos los pigmentos y marcas son iguales. Que esperen además unos años, si Dios les da larga vida, y verán qué queda de lo pintado. Que se lo digan a Van Gogh, que en algunos de sus cuadros, muy lamentablemente, se nota cuando andaba con problemas de tesorería, que era lo normal en él y en mí, y usaba a veces cualquier cosa. Pero antes me quito el whisky de malta. El amarillo de cromo que usó hace que sus girasoles se estén desvaneciendo. Estrellas rojas que pierden su brillo, que los rojos tienden a degenerar, van desapareciendo y eso también vale para los rojos de las fotos de los carteles electorales, que pasados unos meses bajo el poder de la luz, todos son azules (ironías de la política).