| Rotulador calibrado, acuarela y pincel de agua sobre Moleskine 13x21 |
1-Levantarme temprano una mañana de Junio en una ciudad
donde pasas totalmente desapercibida. Sin holas ni adioses. Con la única y
agradable compañía de alguien que disfruta con las mismas cosas que yo.
2.- Arreglarme de manera cómoda. Sentirme guapa por el mero
hecho de ser yo. Sentir que ese día el
tiempo será mío y haré de él lo que quiera.
3.- Salir a la calle cuando aún el frescor de la mañana se
impone a lo que, a todas luces, será un día genuinamente veraniego e importarme
poco que me vaya a asar de calor.
4.- Esperar sin prisa que el lugar donde voy a desayunar me
encuentre.
5.- Doblar una esquina. Sentir el flechazo. Pegarme al
escaparate de ese pequeño lugar: extraño, íntimo, un tanto desvencijado y a la
vez acogedor. Entrar. Saludar con ganas a esa persona desconocida que nos
atenderá. Sentir que quiero quedarme.
6.- Mirarlo todo con ojos nuevos. Volver a ser niña. Tocar,
curiosear. Reír cómplice con mi cómplice acompañante.
7.- Sacar tímidamente mi agenda reciclada y “alla prima”
tomar unas notas con mi pluma Lamy.
Sentir que la timidez y el pudor se esfuman.
8.-Saborear lentamente el desayuno disfrutando de él tanto como de las viejas y descabaladas piezas que forman la vajilla y el “paisaje” del
lugar.
9.- Tener un día más. Volver al mismo lugar y que éste
vuelva a parecerme algo nuevo.
10.- Saludar con
ganas. Pedir el desayuno. Sacar casi sin pudor mi Moleskine, mi rotulador, mis
acuarelas, desparramarlo todo sobre la mesa. Mirar cómplice a mi acompañante. Reír,
conversar, callar. Hacer este dibujo. Comparar mi dibujo con el de Viriato. Ver
que el suyo es mejor. Mucho mejor. Reír abiertamente. Alegrarme con la misma
intensidad por su dibujo y por mi dibujo.
| Tinta azul de mi estilográfica Lamy sobre agenda reciclada 14'5x11 |