Bueno, al verlos ahora juntos resulta que he dibujado más que nunca. Aún me quedan dos o tres en otro cuaderno que me dejé en el coche y no tengo ganas de bajar al garaje. Unos en papel blanco claro, Arches de 300 con grano grueso y otro Canson, negro oscuro, para cuando se hace de noche. El papel pone la noche y yo lo demás.
Lo importante es que lo pasamos muy bien, como corresponde y se acostumbra, dibujamos, comimos y acabamos con el pacharán de algún bar, cosa no rara en la congregación. Que el Señor nos perdone. Algo debimos de hacer para enfadarlo porque dejó caer en abundancia las aguas del cielo, lo que no evitó que se hiciera todo lo previsto.
De lo bonito que es El Escorial no hay que extenderse, como tampoco en el placer de encontrarme de nuevo con la peña, al menos con parte de ella. Besitos. Entre los sequoias y los cedros del Líbano yo ya tenía bastante, que voy para Robín de los Bosques. Pero la Biblioteca del Monasterio es sitio donde, si dieran de comer y beber, no habría tenido inconveniente en quedarme a vivir. El caso es que no pregunté, que igual admiten visitantes a pensión completa. Donde dormir sí que hay, en camas con dossier.
Bueno, como aún voy rumiando lo visto y hablado, en mi blog me extenderé en otras consideraciones, seguramente improcedentes, como es costumbre. Dejo aquí la literatura y paso a poner los dibujos. Y un compendio de las fotos que hice, que tampoco fueron pocas. Incluyo algunas ajenas que me han gustado y una acuarela de un sequoia que hice ya en casa. Un abrazo al personal.





















































